Tato Bores
Un Grande Del Humor Político Argentino.

Mauricio Benjamín boreztein, más conocido como "Tato Bores" fue, es y será siempre un grande del humor político argentino. No solo por sus incansables monólogos, ni por su capacidad para ironizar con los temas de una actualidad que no cesa de repetirse a lo largo de toda su carrera, si no por lo necesario y relevante de su figura para el pueblo argentino.
Luego de su triste deseso, han aparecido diversos programas que han intentado ocupar los zapatos (y la peluca) de este genial humorista, tal como CQC (Caiga quién Caiga) por nombrar al más relevante. Pero, el humor ejercido por Tato Bores, sólo puede ser llevado adelante por Tato Bores. Y es simple de ver y entender, en el programa de Tato Bores, -en todos los programas que hacen a su vastísima trayectoria como humorista político- siempre, a pesar de las críticas duras y ácidas a la actitud conformista del yo-no-quiero-saber-nada, y a la tendencia acomodaticia del si-te-he-visto-no-me-acuerdo imperante en una gran mayoría al punto de formar parte decisiva en la idiosincrasia del pueblo argentino, siempre Tato Bores a dado lugar a que otras cosas pasaran.
El objetivo no era mostrar lo mal que estamos con una sonrisa lo cual si nos ponemos a pensar un poco, es realmente algo siniestro. El objetivo era mostrar de manera bien fácil y legible en donde estamos parado como pueblo, pero con el fin de apostar a una transformación en base a la reflexión.
Tato Bores además aportaba por sí mismo y por su vastísima trayectoria (de varias décadas) algo esencial y que de hecho, no tuvo, ni ha tenido ningún reemplazo posible.
Tato Bores aportaba una referencia, él mismo representaba en sí, el vigor y la imposición de la memoria. La memoria era el eje central de su trabajo como humorista político. No la novedad, la memoria. El objetivo era armar la máquina de cortar boludos mandarla por una máquina del tiempo y que fuera retroactiva, realmente.
El objetivo que cumplía Tato Bores para el pueblo argentino era el ser el guardián y el representante de la memoria y el paladín de la lucha contra la repetición y el goce infantil que trae aparejada.
En ningún momento, Tato Bores, le daba a lo novedoso un caracter o un privilegio por sobre lo histórico. Porque lo historico es lo central.
Incluso, en las estructuras de sus programas, podíamos ver que el tiempo estaba de su lado, por más que sea tan tirano en la Tv. De hecho, en cada programa hallaba la pausa, el intervalo, para sentarse a comer tallarines o para sentarse a disfrutar del silencio.
Esa pausa tan necesaria para que el otro pueda asimilar, lisa y llanamente, tragar lo que se le ha dicho, pero digeriéndolo, pudiendo discernir, evaluar.
El objetivo de Tato Bores, jamás fue dejar a un pueblo enardecido por la angustia y la desilusión después de un programa, si no todo lo contrario, apostar a que ese tiempo, su tiempo, pudiera darle al pueblo aplastado por la angustia y la desilusión un impasse para relajarse y pensar.
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