¿Cómo saber si
un vino es un buen vino?

Viene del artículo: ¿Cómo se hacen los diversos tipos de vino? Parte 3
Como hemos visto a lo largo de estos artículos en continuados los vinos se distinguen principalmente por sus métodos de elaboración y es fácil deducir que, los dos elementos centrales en cuanto a dicha elaboración de un buen vino se trata del alcohol y el azúcar. Elementos completamente ligados uno del otro y que, por cierto ambos dependen del procedimiento llamado fermentación.
Hemos visto que de acuerdo a la fermentación, es decir, si esta se realiza de forma plena o si ha sido interrumpida de alguna manera, el vino variará básicamente respecto del gusto.
Si el proceso de fermentación ha sido sostenido hasta el fin sin ninguna interrupción el vino tendrá un gusto seco y si ha sido sometido algún tipo de interrupción en el proceso de fermentación tendrá un gusto dulce.
Ahora bien, estos datos nos han servido claramente para informarnos a cerca de algunos datos sobre el vino, las diversas clases y sus elaboraciones, pero, no nos han dado ninguna clave sencilla y clara para distinguir un buen vino de uno que no lo es.
Obviamente, con estos artículos estamos dando los primeros pasos en cuanto a lo que es el mundo maravilloso de la elaboración del vino, y han sido algunos pasos efectuados rápidamente como para dar una idea general. Penetrar más nos exigiría estudio y más que estudio, experiencia. La máxima que reza “la práctica hace al maestro” se aplica en este sentido tanto o más que en cualquier otro área.
Sin
embargo, podemos tener una pista sencilla, de cómo poder determinar qué es un
buen vino y que no, a partir de considerar estos dos elementos, azúcar y
alcohol, sobre todo si entendemos que, la principal manera de adulterar vinos es
algregarle algunos de estos dos elementos, sea, por fracaso en los procesos de
fermentación, o por el apresuramientos de los plazos obvios para incrementar la
¿Cómo podríamos tener esta primera clave para discernir entre un buen vino y uno que no lo es?
Simple. Como hemos visto, el proceso de fermentación y sus variantes exigen realmente una elaboración sujeta a ciertas normas y pautas, para alcanzar una característica verdaderamente intrínseca a todo vino: la armonía de todos sus componentes.
El equilibrio y la armonía son características insoslayable de todo vino, por lo que, nos resultará fácil advertir un agregado posterior. Ya que ese agregado no tendrá ni el tiempo y la capacidad de integrarse al resto de la preparación por lo que no podremos más que sentirlo como un postizo, un elemento extraño e intruso a nuestra lengua y paladar. Sólo hay que saber reconocerlo.
El agregado del alcohol y/o de azúcar, al no estar integrado armónica y equilibradamente al vino en sí, tenderá a irritarnos, decididamente el olfato, la punta de la lengua y los bordes de la misma.
En cambio, un vino o una bebida alcohólica de buena calidad de ninguna manera podrá causarnos esa impresión. Por el contrario, como el alcohol, es parte integrante de la bebida, sólo sentiremos realmente su presencia en el paso previo a tragar, es decir, de la región media de la lengua hacia la garganta.
Este truco, si bien es cierto que no es algo convencional, si es una clave para distinguir un buen vino de algo que no lo es. Porque de ninguna manera es posible que un buen vino nos avasalle de entrada con el alcohol y el azúcar. La entrada a paladar del vino, sea el vino que sea, siempre tiene la característica de ser armoniosa, sea un vino dulce o seco, con más cuerpo o con menos.
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