Debates culturales:
La compulsión a citar autores
o la parasitosis intelectual.

Hay una realidad verdaderamente molesta al momento de tomar un texto de un autor, particularmente, del área humanística, que llamo “parasitosis intelectual” y que se define por una suerte de compulsión a citar autores de manera más o menos indiscriminada al punto de que sobre un texto de veinte hojas, si quitamos las citas de otros autores o de sí mismo (de otros trabajos), el texto se ve reducido a unas 12 hojas máximo.
Es como si no pudieran escribir en nombre propio o como si la voz propia no tuviera peso alguno capaz de aportarle coherencia y contundencia a lo dicho.
Algunos se excusan de este comportamiento arguyendo que las citas diseminadas en su texto se deben a una suerte de honestidad intelectual, es decir, para no pasar por encima de aquellos que trabajaron en un mismo sentido o que trabajaron el mismo tópico, etc.
Otros, explican que las citas al por doquier tiene que ver con una cuestión académica, citar a un autor, es la manera de brindar un contexto al lector de manera que este se pueda instruir mejor o proveyéndolo de más argumentos al momento de considerar de forma crítica el texto en cuestión.
Sin embargo, estos loables argumentos en favor de la cita de autores, son fácilmente rebatibles puesto que si bien es cierto que por una cuestión de honestidad intelectual uno no puede dejar de citar fuentes cuando está trabajando en función del corpus teórico de otro o cuando lo está mencionando de alguna manera, poco sentido tiene mencionarlo cada cinco renglones. O dicho de otra manera, si precisamos citarlo cada cinco renglones más que producir un texto propio estamos copiando a otro autor, al menos que se trate de un trabajo de discusión de un concepto específico de otro autor, para lo que tampoco es muy honesto citar un fragmento deliberadamente elegido y descontextualizado, (por más que el autor no tenga mala intención alguna el recorte es inevitable); mucho más honesto para con el autor a citar y sobre todo, para con el lector es remitir a este a leer el texto original para que sea el lector quien realice sus propios recortes.
También es fácil rebatir el argumento académico de la instrucción puesto que si uno quiere fomentar la posición crítica respecto de un texto lo que no puede dudar es que jamás un alumno tendrá una posición crítica si no lee todos los textos correlativos al primero.
En realidad se trata esta parasitosis intelectual se trata de algo mucho más terrible: por un lado, algunos de los que incurren en este parasitosis permanente lo hacen por puro condicionamiento académico, ya que la academia supone que un texto que no cita a diversos autores y a cierta elite en particular con determinada insistencia como quien rinde pleitesía, no es un texto académico. Por el otro lado, la necesidad de citar autores probos (no hay muchos textos que citen a un autor enteramente desconocido por ejemplo y podría ser igual o más esclarecedor) daría la sensación que es un intento de darle a la voz propia una investidura especial, particularmente, para sobre-investir la voz propia con voces “con autoridad” de manera tal de que esta voz, revestida por la autoridad y el prestigio de los autores citados, se eleve tanto por encima de las voces y opiniones de los demás, como que se equipare a los autores de prestigio más o menos idealizados.
La reflexión sobre la humanidad ha ocupado el pensamiento de toda las personas, desde las incertidumbres de nuestra existencia en la vida cotidiana a los grande...
Sociología: Comentario sobre Vance Packard; Vance Packard (Granville Summit, 1914-1996) es uno de los grandes sociólogos de los estados unidos; se trata de un a...