La burguesía alemana y la traición al Estado Alemán

Viene del artículo: Causas del fracaso en el frente occidental del Imperio Alemán y los 14 puntos de Wilson
Recordemos que la asunción de la burguesía alemana al poder y unificación de los Estados Alemanes por parte del II Reich fue gracias al apoyo del ejército real prusiano. Dicha clase dominante, a poco tiempo de terminar la I Guerra Mundial, se encontraba frente a dos conflictos: el primero se refería a la incapacidad de sus principales representantes para afrontar la irreversible derrota en el campo de batalla; y el segundo problema era la forma de establecer la paz sin desprestigiar al Estado de forma irreversible.
El motivo del Comandante Supremo del ejército alemán, Erich Ludendorff, al solicitar al gobierno del II Reich el armisticio inmediato era evitar una derrota general de Alemania y aplacar el clima revolucionario que se estaba gestando. Al mismo tiempo, Ludendorff perseguía otra finalidad: pretendía que la capitulación estuviera en manos de un gobierno civil y de esta forma los militares podrían seguir negando la derrota de Alemania públicamente.
Ludendorff con estos dos objetivos mencionados plantó el germen que tiempo después, durante el período de entreguerras (1918-1939), se conoció como Dolchstoßlegende /Dolchstosslegende (“la leyenda de la puñalada por la espalda”), el cual hace referencia a un mito social y a la teoría popular de persecución y propaganda en Alemania. Según el Dolchstoßlegende la culpa de la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial fue por traidores del interior del II Reich, en vez de un error geoestratégico militar.
La burguesía consideraba que estos traidores eran el propio proletariado, pero para no acrecentar las enormes diferencias entre la clase obrera y la burguesía; decidieron tomar como chivo expiatorio a los judíos. De esta manera el antisemitismo, que tuvo su centro en el Imperio Ruso, comenzó a aumentar en la política europea luego de la Gran Guerra.
La burguesía alemana intentaba retrasar la culminación de la guerra por dos motivos: en primer lugar, ninguno de los representantes del Estado Alemán se animaba a comunicarle al Kaiser Guillermo II su abdicación y en segundo lugar, el imperio buscaba razones para retrasar el armisticio. Preocupados por estos motivos, la clase dominante nunca se imaginó que el proletariado alemán – determinado por valores culturales tradicionales de obediencia y sumisión – se preparara con firmeza para una revuelta armada que acabara con la guerra.
Continúa en el artículo: El levantamiento de los marineros alemanes en Kiel
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