Algunas consideraciones sobre el trabajo del escritor y lo inconsciente.
Viene del artículo: La corrección como parte imprescindible del acto creativo de la escritura
En el artículo anterior dimos un giro en esta serie de artículos destinados al acto de creación y la corrección de los textos como parte privilegiada del mismo.
De hecho, lo que había comenzado como una simple observación acerca de qué es el corregir mutó en una suerte de aplicación del psicoanálisis al acto de escritura. Incluso, llegamos al extremo de considerar al acto de escritura como el proceso en el que:
Un material de nuestra imaginería consciente se ha sumergido en las profundidades de lo inconsciente de manera tal de encontrar allí la resonancia y la legitimidad de nuestro puño y letra; pero al ascender trae consigo, la pregnancia de las reglas inconscientes y de los contenidos inconscientes. Por lo que, los censores de la consciencia reconocen los contenidos y la impronta inconsciente asociada al producto de nuestra imaginería y por lo tanto lo obliga a un minucioso examen: grandes partes no logran pasar la prueba y son relegados a lo inconscientes en calidad de productos reprimidos, otras partes, viendo lo que le aguarda optan por encubrirse con restos de otros productos imaginarios inofensivos y conscientes a la vez que distorsionan la impronta inconscientes adheridas a través de recurrir a formas e improntas que aparezcan como completamente inofensivas o bien como burla a la misma impronta.
Entonces, ya que hemos dado por supuesta una relación entre el acto de escritura y lo inconsciente tenemos que aclarar en qué reside el trabajo del escritor en relación a lo inconsciente.
Mal que le pese al escritor que se trate, el acto de escritura siempre tiene que ver con eso que Freud llamó inconsciente y particularmente con la función que en la arquitectura freudiana tienen los sueños.
Los sueños rescatan fragmentos de la vida cotidiana (día del sueño) lo despojan de sus relaciones conscientes y lo asocian a contenidos de la vida inconsciente de dos naturalezas distintas (imaginería inconsciente y memoria). Luego, a esta reunión más o menos forzosa les da una coherencia básica de manera tal de que conformen una expresión determinada y una vez concluido ese proceso, le otorga a esta expresión un contexto más o menos favorable, es decir, un tiempo y un espacio en donde la expresión pueda hallar, si me disculpan la redundancia, expresión. Esta expresión así conformada y predispuesta según las leyes de asociación de contenidos inconscientes toma la impronta de estas; es decir, sus ritmos, sus modismos.
Una vez al despertar; la conciencia somete a esta expresión a la reducción que implica la producción de un texto más o menos coherente según sus reglas para ser aprobado.
Continúa en el artículo: las resistencias del escritor, desde las musas a la mecanicidad.![]()
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