Consideraciones acerca de la
dicotomía ficción-realidad*.

Viene del artículo: Ficción y realidad en la Novela histórica.
Hemos llegado a un punto en el que recurrimos a los parámetros ficción y realidad para servirnos de su auxilio para reflexionar acerca de los límites del género literario “Novela histórica” y en el intento de articularlo al objeto de nuestra reflexión comprendimos que se trata de dos parámetros que por presentarse en general dispuestos como dicotomía dan la ilusión de ser dos “cosas” claramente definidas. Pero al trazarnos una simple pregunta en relación al acto de escritura, es decir: ¿puede alguien escribir realidad? Creímos ver que los límites claramente recortados se desdibujaban y por tanto arriesgamos como hipótesis lo siguiente:
Excluyendo a algún Dios, y a alguna otra divinidad a la que le fuera concedida esa gracia, tendríamos que resignarnos a decir que para el hombre es completamente imposible escribir o hablar realidad. El lenguaje mismo se lo impide.
Lo cual evidentemente presupone que argumentemos nuestra posición al respecto.
Lo primero que podemos notar como hecho curioso es que la dicotomía se exprese entre ficción y realidad como si efectivamente se pudieran poner en un mismo plano dimensiones completamente distintas; (en este punto sería interesante trabajar la cuestión de la diferencia entre diverso y distinto cosa que excede el presente artículo pero que trabajaremos más adelante en el presente ensayo).
¿Qué queremos decir con esto?
Básicamente que lo opuesto o mejor dicho lo oponible a ficción no es realidad sino no ficción. Esto puede parecer una simple “cuestión de lenguaje” pero de hecho aunque lo sea no deja de tener un valor realmente importante.
La realidad no se puede oponer a la ficción simplemente porque pertenecen a dimensiones distintas para oponerlas habría que situarlas en un mismo plano como puntos pertenecientes a ese plano; si se trabaja esa dicotomía es porque el lenguaje permite aplanar tres dimensiones en dos, montando un
Es decir entre ficción y realidad hay todo un mundo excluido. En ese mundo habita la literatura, los sueños, lo inconsciente, el delirio, y en enlace textual de cualquier afecto.
Lo oponible a ficción es lo no-ficcional. Lo oponible a realidad es lo no-realidad. Reducir el conjunto de lo no-ficcional a la realidad es una maniobra que solo el lenguaje lo permite; lo mismo vale para la reducción de todo lo no-realidad a lo ficcional.
Si ficción tiene por etimología la significación de “invento”; podríamos establecer que lo no ficcional es todo aquello que no sea realmente un invento; y como invento presupone la acción deliberada o no de un ser humano podríamos decir que lo ficcional siempre tiene que ver con lo subjetivo y con lo producido por esa subjetividad. Lo no ficcional tiene que ver entonces con todo aquel automatismo-objetivo y arbitrario en juego en la realidad y en la ficción.
Pero la referencia a un hecho de la realidad no tiene por qué ser considerado no ficcional. De hecho hay alguien que hace esa referencia, que le da un valor y que establece la relatio entre dos relatas, es decir que le da un valor de símbolo o de signo, dependiendo si se trata de una relación establecida e intrínseca al autor por lo tanto más o menos explicable, o si se trata de una relación arbitraria y extrínseca al autor, por lo tanto inexplicable y solo suturable.
Continúa en el artículo: la trampa de la dicotomía ficción-realidad.
*(Artículos tomados del Ensayo libre sobre Géneros Literarios;
Psicología de los Géneros literarios de Daniel Adrián Leone)
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