Comentario: La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca.

Comentario:

La casa de Bernarda Alba

de Federico García Lorca.


Federico García Lorca  en la obra de teatro La casa de Bernarda Alba representa aspectos de la vida cotidiana desde la perspectiva de dramática basada en tradiciones andaluzas, centrándose en el duelo como tópico genitivo y en la doble moral como tópico que en todo momento socaba esa cosa que engendra el duelo como representante, y a la vez, trámite de la muerte.

Bernarda Alba es una mujer no cualquiera en un mundo de mujeres cualquieras tan lejos está de sentirse identificada con el resto de sus congéneres que su propia casa se yergue como un pequeño universo dentro del universo.

Federico García Lorca nos da entre pincelada y pincelada de su decir poético, las pistas para entrever que la casa de Bernarda Alba es más que una casa ordinaria: es la sede misma de la tradición, es esa casa blanca tan parecida y asimilable al escenario de un pueblo pobre y de gentes sencillas pero a la vez, es todo un universo diferencial, es una casa con nombre y apellido, con linaje que se sostiene en el gesto adusto y en el derecho legislativo que Bernarda Alba se arroga sobre todo aquello que cae propiamente en su dominio: no solo su casa y aquellas que están dentro, sino “el ideal femenino”.

Ella sabe cómo deben ser todas las ellas, como deben actuar y como no. Sabe y habla de lo que sabe, pero, sus silencios, sus miradas portan un saber mayor; el de la ley histórica, no escrita: Bernarda Alba es la sede de la tradición y por lo tanto la ley del destino trágico que fulmina a toda aquella que quiera transcender las cuatro paredes del estereotipo de la mujer.

El “documental fotográfico” que nos presenta Lorca, al retratar un drama de una familia andaluza tipificada por el fatalismo y el destino, trasciende a paso firme la mera imagen: es más bien un documental radiográfico que fotográfico, lo que nos presenta en La casa de Bernarda Alba puesto que no nos expone una situación sin agregarle una perspectiva intuitiva del interior, sin mostrarnos al menos, las sombras de esos mecanismos y resortes que actúan en las sombras para encadenar todas las acciones en la secuencia de estos tres actos; de la muerte y la imposición del luto se pasa al desacato de la ley materna hasta que la muerte viene en auxilio de la rebelde, desde el propio brazo materno, purificándola y eximiéndola de su crimen: no hay adúlteras en la casa de Bernarda Alba.

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