Escribir poesía, ¿o Ser poeta?

Escribir poesía, ¿o Ser poeta?

 

 

Muchas veces escuchamos que para ser poeta no basta el hecho de escribir poesía... es como si el ser-poeta pasara por otro lado, y además, que es algo vedado al resto de los mortales que no podemos hacer más que admirarnos de las palabras escogidas y de la soltura de la expresión. Frente a esta posición, tenemos otra que se polariza de manera bien marcada que señala que el poeta ante todo tiene el deber de hablar con palabras sencillas de manera de ser entendido por todos de forma clara y sencilla.

En el medio de estas posiciones antagónicas hay matices. Muchos proclaman tal o cual manera de hacer poesía o de hacerse poeta, muchos "saben" la formula para decir qué es poesía y qué no. Pero el tema no puede definitivamente ser tan chato, tan unidimensional, para que quede definido en estos parámetros confusos y que en rigor, nada dicen en verdad.

No faltará quién diga (haciendo gala de un cretinismo intelectual) poesía es lo que se escribe en versos. Ni quién diga que el ser poeta es una cualidad con la que se nace.

Ni una cosa ni la otra. Uno puede decir que (re)nació a partir de la poesía y eso es otra cosa. Uno puede decir que poesía es escribir(se) en versos y eso ya es otra cosa.

Como la ilustración que hemos elegido como representativa de este artículo el poeta se hace a sí mismo. Escribe y se escribe al mismo tiempo. Por lo que, decir que poeta se nace o que es exclusivo de tal o cual elite es realmente una falta de respeto (por más que sea algo sostenido por muchos). El poeta se escribe a sí-mismo por más que hable de cualquier otra cosa porque el solo hecho de escribir poesía lo obliga a poner en juego toda su afectividad y sus maneras de concebir(se) a sí-mismo, a la vida, a la belleza, etc. Es decir, un poeta trabaja consigo mismo, su propio yo es herramienta y pieza a modificar y a re-crear. Cuando un poeta corrige una poesía, dos, mil, también está corrigiendo algo de su interior, de sus mecanismos y automatismos, en definitiva de los resortes mismos de su personalidad.

Entonces: ¿quién puede ser poeta? Simple. Todo aquel que se anime a embarcarse en una empresa a donde se tomará a si mismo como herramienta y campo de acción permanentemente. Es decir, en principio, estrictamente cualquiera.

No quiero abandonar este artículo sin dar cuenta de aquellos que abogan por una "poesía popular", una "poesía para todos". El argumento más consistente de estas personas tiene que ver con oponerse a una literatura elitista (dicotomía ancestral que viene de la doble escritura de la Biblia en Latín Culto y Latín Vulgar) con lo que nadie puede estar en desacuerdo al menos en principio. Pero si examinamos de cerca la cuestión no podemos menos que atenernos a otra manera de pensar. La oposición popular-elitista no cuadra para la poesía si no para las personas. La poesía no puede ser popular ni elitista por más que use palabras más comunes y populares o palabras del diccionario. Porque la poesía en su estructura tiene que ver esclusivamente con el modo o mejor aún, los modos de hacer poesía. Y esos modos son esclusivos de la persona del poeta en tanto poeta. Por lo tanto, un poeta siempre es testigo de su entorno, de su historia, de aquello que lo constituye como persona. Un poeta siempre habla de acuerdo a su historia.

Esto no vale para negar la realidad de que hay "poetas" que se esfuerzan por ser cripticos, ilegibles, o impenetrables. A esos poetas le arenga Girondo cuando dice: "el ombligo no es lo que ustedes piensan, señores poetas". Pero también a su anverso, a aquellos "poetas" que, en espejo y por toda respuesta, se esfuerzan por ser literales, hiperlegibles, de fácil acceso.

El quid de la cuestión radica en ese plus, en ese esfuerzo, que implica siempre un postizo, una impostura. El poeta antes que nada debe escribir sobre aquello que lo mueve y de acuerdo a sus maneras de moverse. Luego, habrán personas que se sentirán identificadas y personas que no. Las palabras usadas no son más o menos complicadas si no más o menos impostadas y en el contexto de una obra y de un autor puede ser tan impostada la palabra más recóndita del diccionario como la palabra de moda en el habla popular.

 

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Nombre: Joseph Gautmi
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