¿Puede un Hobbie transformarse en algo insano?

Ante que nada definamos qué es un hobbie. Según el RAE Hobbie o hobby es un pasatiempo o entretenimiento que se practica habitualmente en los ratos de ocio. Sin embargo y a pesar de esta definición no pocas veces escuchamos decir que tal o cual persona tiene "una enfermiza obsesión" con tal o cual cosa que representa su hobbie, particularmente entre los coleccionistas lo cual no deja de representar toda una sorpresa ya que si un hobbie no es otra cosa que una aficción que deviene en alguna actividad que nos depara placer y que practicamos en los ratos de ocio en nada encaja lo enfermizo y la obsesión.
El coleccionar es, dentro de todos los hobbies posible, el que más rápido asociamos a "lo enfermizo" y aunque los coleccionistas se defiendan diciendo que el que es ajeno a su aficción es obvio que no entienda de qué se trata ni el valor que representa cada pieza conseguida (y que es obvio que está muy por encima el valor representativo para el coleccionista que el valor real del objeto).
En realidad se trata de un dilema de dos partes. Por un lado es verdad que aquel que no comparte el apasionamiento por el coleccionar no puede entender el valor de cada elemento de la colección por el otro, también es verdad en muchos casos, una pieza insignificante (pero imposible de conseguir) alcanza un valor para el coleccionista verdaderamente inconmensurable.
Entonces, ¿el coleccionar puede ser algo insano o no?
Como todas las cosas depende de las medidas. Cuando algo se convierte en exclusivo (no importa qué) siempre estamos al borde de lo insano. Hay casos en los que encontrar una pieza determinada es todo el objetivo de una vida y que el hecho mismo de coleccionar se establece en esa persona como el único medio de procurarse placer, llegando al punto de sustituir toda la vida de relación de una persona. En este punto el coleccionista se comporta como el enfermo afectado de una enfermedad sin solución o como un melancólico. Todo lo que hay en la vida ha dejado de tener interés a no ser ese objeto determinado.
Muchas madres se preocupan cuando ven que su hijo se aboca de lleno al coleccionar algo (o a cualquier otro hobbie), temiendo al influjo de esta actividad privilegiada que hace que el hijo (particularmente el adolescente) relegue a cualquier otra actividad necesaria, posible o recreativa. Pero en realidad no hay que temer semejante cosa. El hobbie particularmente en los adolescentes y en los niños le brindan a la persona en desarrollo una posibilidad de centrar su interés y actuar en función de ello. Por lo tanto, no hay manera que el hobbie sea algo capaz de degenerar en una enfermedad, por el contrario, siempre contribuye a despertar y canalizar virtudes en cualquier persona. De hecho, es muy recomendable el cultivar algún hobbie en personas que luego de trabajar toda una vida, por ejemplo, han decidido no trabajar más o bien, han tenido que acatar el retiro.
Por más que el cine, la literatura y el folklore del humor nos muestren a los coleccionistas como subyugados por su aficción al punto de caer en verdadera angustia cuando no pueden desarrollarla tal y como se lo han propuesto, no es verdad que el hecho de coleccionar induzca a enfermar.
Pero sí existe una realidad. Existe la realidad de aquella persona cuya obsesión puede manifestarse a través de un hobbie tal como el coleccionar. Se trata de personas que no establecen vínculos sociales más allá de lo imprescindibles y que en los pocos lazos sociales que establecen se comportan de manera obsesiva. En ese caso, el coleccionar no es causa si no un medio de expresión de una personalidad restringida al actuar desmedidamente sobrevalorando un lazo y poniendo en déficit a todos los demás. Pero como decíamos, el problema ya no es el coleccionar si no la manera de relacionarse al punto que este tipo de personas pueden abandonar su hobbie si es que aparece frente a ellos cualquier otro tipo de actividad que el permita desarrollar mejor aún su obsesión.