Humor: Cuentos exagerados de compadres borrachos.

 Cuentos exagerados

de compadres borrachos.

 

Cuentos exagerados de compadres borrachos.


Dos compadres (Juan y Luis) van a pescar a una isla y los sorprende una tormenta por lo que deben refugiarse dentro de una carpa y pasar ahí gran parte del día y de  la noche. Sin tener actividad que hacer se deciden por jugar a las cartas y beber del buen tintillo que han llevado para disfrutar. Al cabo de unas cuantas horas, completamente borrachos, comienzan a contarse historias.

Juan toma la delantera y  relata:

- El novio de mi hija es tan alto que cuando tenía doce años, la madre para peinarlo se subía a la terraza.

-No sea exagerado, Juancho.

-Se lo aseguro, Luis. El pibe es alto en serio. Es tan alto pero tan alto que cuando querían castigarlo en la escuela le daban por tarea limpiar el mástil de la bandera...  de arriba a abajo.

-Pero, ¡Juan, compadre! ¡No exagere! ¡¿Tan alto va a ser el muchacho?!

- ¡Por diosito compadre! Es tan pero tan alto, el pibe, que ya no usa zapatos.

-No me diga nada, compadre... ¿No se puede agachar a buscarlos bajo la cama y no los encuentra?

-Nuuuu, Compadre... ¡Qué va! ¡Lo que no encuentra son sus pies! ¡Es que le quedan tan abajitos, al pobre!

Luis, cansado de lo exagerado de su compadre decide primeriarlo. Le sirve una buena jarra de vino para que su compadre se calle y arranca a contar:

-Pues eso no es nada, compadre. La novia de mi hijo, ¡Esa pobre niña sí que tiene problemas!

-¿Por qué compadre?- Preguntó Luis con desgano quien como todo borracho prefería seguir con sus narraciones a escuchar la del otro.

- Pues fijesé compadre que la novia de mi hijo es tan pero tan hermosa, ¡que el día que nació ganó un concurso de belleza en la Ñursery!

-Pero eso no es nada, compadre.

- ¿Cómo que no es nada?

- Como lo oye: yo de niño, aquí donde me ve, era tan pero tan agraciado que todas las maestras de la escuela se peleaban por traerme manzanas.

Luis aprovechando que Juan se servía otra jarra se apresuró a decir:

-Pues eso está bien compadre; pero la verdad es que no me sorprende en nada.

- ¿En serio compadre?

- Yo mismito y aquí donde me ve, cuando niño era tan inteligente que las profesoras me pedían clases particulares.

- Eso está bien compadre; muy bien...

- ¿Pero?

-No, nada...

- ¡Hable compadre, hable!

- Y es que me suena muy exagerado compadre...

- ¿En serio le suena muy exagerado compadre? (dijo Luis burlándose)

- Sí compadre... jamás escuché de sus profesoras esa anécdota.

- ¿Y acaso usted las conocía compadre?

- ¿Conocerlas? ¡Si cuando usted llegó a quinto yo ya me había acostado con todas ellas, compadre!

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