Humor:
Exagerado, exageradísimo en una boda.

Hay personas que se caracterizan por ser realmente exagerados en sus maneras, modales y sobre todo en sus dichos, un amigo que más que exagerado, es exageradísimo me contó de esta manera cómo le fue en un casamiento.
“El salón de fiesta quedaba en un lugar tan alejado que estaba hasta en “las afueras de los mapas”; pero aun así, llegué. Llegué tan temprano pero tan temprano que cuando puse el primer pie en el salón de fiesta los albañiles estaban terminando el revoque fino. Pero no me importó, porque vos sabés bien cómo quiero a los chicos; los quiero tanto y me quieren a su vez, de tal manera que me pidieron que los acompañara a la luna de miel para no sentirse tan solos.
La cosa es que fui. Me tomé un remisse, que tardó tanto que cuando llegó el traje me quedaba chico, decí que como soy precavido lo llamé antes de que él le pidiera matrimonio a ella.
El salón era muy chico, tan chico pero tan chico que hicieron salir a los invitados para que pudieran entrar los mozos y luego tuvieron que salir los mozos para que pudieran entrar los novios.
Pero... ¡Qué novios más lindos!
Ella estaba tan hermosa que tuvo cinco propuesta de matrimonio más a los diez minutos de salir de la Iglesia. Él estaba tan elegante y fino que el cura, antes de declararlo marido y mujer, lo declaró el sex-simbol del 2011.
Yo no conocía a nadie, era tan pero tan desconocido en la fiesta que los recepcionistas en vez de pedirme la invitación me pidieron certificado de vecindad y buena conducta. Pero entré. Y me acomodaron en una mesa junto a seis parejas, ¡qué parejas mi Dios! ¡Cómo habrán sido de parejas esas parejas que eran seis sextillizos casados con seis sextillizas!
Me acomodé como pude en una silla, que era tan pero tan cómoda que cuando entraron los novios ya estaba dormido.
La comida era realmente generosa. Cómo habrá sido de generosa la comida que el pollo pegó un salto del plato y se me metió en la boca.
Luego vino el baile.
Yo que no conocía a nadie apelé a mis dotes de seductor, y vos sabés bien que soy tan pero tan seductor que una vez vino un inspector a levantarme una multa y me terminó dejando el teléfono.
Había muchas mujeres hermosas pero todas estaban con pareja, y solo quedaba una muy tímida, tan tímida era la pobre que se había vestido con la misma tela del decorado.
La verdad es que la pasé muy bien... tan bien que ya le pedí que se casen unas cuatro veces a la semana.
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