Humor: Más exagerado que historia de argentino

Más exagerado que historia

de argentino.

Humor: más exagerado que historia de argentino

 

Siempre se dice que los argentinos tenemos una leve inclinación a la exageración y a la exaltación de todo cuanto vemos, sentimos y pensamos. No sé si será verdad o qué tipo de verdad, por lo que les dejo una historia -más interesante que perro con correa nueva- para que evalúen.

 

Historia de cómo conocimos a las dos hermanas más bellas del mundo

Tenía un amigo que era más paranoico que girasol en eclipse, y siempre andaba por la vida, desconfiado como chancho con el chiquero limpio. No importa quien hablara con él, -como era más sordo que murciélago bajo el agua-, temía que lo quisieran engañar. Entonces cada vez que tenía que decir algo importante hablaba más despacio que susurro de mosquito. Pero era un buen amigo y siempre andábamos de aquí para allá, más juntos que corsé de elegante.

Una vez fuimos a pasar un fin de semana a un camping más concurrido que “barata” en quiebra. Fuimos a un pequeño bar y allí conocimos a dos mujeres: una era más pequeña que recuerdo de colibrí y la otra, más grande que esperanza de pobre. A decir verdad, las dos chicas nos gustaron a primera vista, pero, mi amigo me dijo: No te hagás ilusiones, estas nos van a durar menos que entusiasmo de estatua.

Más enojado que gato de espalda le pregunté por qué decía eso y él me respondió:

-Loco, ¿no te das cuenta que estamos más pobre que sueño en blanco y negro?

Y era verdad. Entre los dos juntábamos menos monedas que agujero de bolsillo, por lo que tuve que reconocer que esta vez mi amigo tenía algo de razón.

Las dos mujeres nos habían visto y se sonrieron con más alegría que perro con dos colas. Cuando me di cuenta, decidí no dejarme convencer por el argumento de mi amigo, y me envalentoné más que vendedor de paraguas en día de lluvia y salí más rápido que frase de tartamudo a su encuentro.

Ellas se sonrieron y me dijeron que por qué no venía mi amigo que estaba en la otra mesa más duro que carne de cebú estresado.  Puse una excusa y lo llamé con un gesto más imperceptible que intención de jugador de póker. Él se acercó a la mesa, más lento que laser a carbón, hasta que por fin, pudimos conversar los cuatro.

Desde aquel entonces salimos con las dos hermanas de una belleza más exaltada e increíble que historia de argentino.     

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