Psicología de parejas:
¿Por qué mi pareja no respeta mis tiempos?

La psicología de las parejas se puede resumir casi por completo en una noción temporal; la mayoría de los grandes conflictos de intereses, desencuentros, desconfianzas y padecimientos en las parejas, tales como las peleas, los celos, el desinterés sexual, la falta de un proyecto o la incapacidad para producir un proyecto conjunto se sostienen en un conflicto psicológico básico: la incapacidad general de comprender que el otro tiene un tiempo constitutivo y por lo tanto un tiempo funcional distinto al de uno.
Es como si fuera imposible entender que los tiempos de cada persona son distintos incluso en su propia historia; es decir, una misma persona dependiendo el grado de afectación de un sentimiento, las circunstancias exteriores, los lazos afectivos, etc. puede asumir y elaborar un conflicto psíquico insumiendo diferentes tiempos que otro conflicto similar en otro tipo de contexto socio-afectivo.
De la psicología de Parejas a la psicología del yo
Ahora bien; no podemos dejar de preguntarnos por qué se da esta suerte de discordancia en la pareja respecto de los tiempos individuales y subjetivos al momento de realizar tal o cual cosa o asumir y resolver algún conflicto psíquico. Nos resulta muy difícil dejar de pensar en esto y mucho más difícil aún sustituir este cuestionamiento banal por uno mucho más preciso:
¿Por qué supongo que mi pareja debería tener los mismos tiempos que yo?
No es una pregunta cualquiera sino una bien trascendental en la vida amorosa de una pareja, sin embargo, es una de las preguntas menos realizadas dado que tendemos a suponer que es obvio que la otra persona pueda crecer tanto como nosotros y de la misma manera, en el mismo tiempo y en la misma forma.
Evidentemente cuando procedemos a pensar de esta suerte no nos estamos manejando con ningún dato observable y verificable desde la realidad, porque, si nos guiáramos en nuestras reflexiones por lo que se ve a diario y lo que es de sentido común, es obvio que ninguna persona tiene el mismo tiempo subjetivo que otra.
Entonces: si es algo tan claro y evidente que en una pareja jamás dos personas tendrán el mismo tiempo individual ¿Por qué nos comportamos tal y como si esa verdad no fuera evidente?
Las respuestas a esta pregunta varían según el caso pero hay una constante simple que podemos rescatar ya que es común a la gran mayoría de variantes:
Para afrontar la realidad y resolver algún tipo de conflicto hemos tenido que vencer enormes resistencias internas y desatar una verdadera lucha contra parte de nuestra psíquis que nada quiere saber de cambios de escenarios, escenas y actitudes. En virtud de esa contienda que hemos librado nuestro juicio se obtura y no podemos ver la realidad correctamente puesto que, proyectamos sobre nuestra pareja ese deseo interno que sostuvo una parte de nosotros de no cambiar, entonces, nos figuramos que nuestra pareja procede de la misma manera; no es que no puede cambiar al mismo tiempo que nosotros, sino que, teniendo la posibilidad ha preferido mantener la paz interna conformando a la parte de su psiquismo que le imponía la comodidad de la inercia como don para evitar la contienda.