¿Por qué no encuentro a mi príncipe azul?
(Parte 2)

Si queremos analizar correctamente de qué se trata esto del "Príncipe azul", tenemos que pensar algunos elementos fundamentales que nos permitirán contextualizarlo para ver cómo funciona el mito, para luego comprender realmente cómo funciona en la vida anímica y en lo social.
Esos elementos son:
La metamorfosis del sapo en príncipe.
La mujer-princesa en apuros.
El destino adverso.
Estos tres elementos nos permiten pensar de forma clara y concreta el tema que nos aboca. Es decir, cómo impacta en la vida anímica este mito.
Antes que nada, escuchemos las objeciones que de seguro se estarán levantando en algunas personas al leer estos artículos. Muchos estarán diciendo en este preciso momento. Bueno, Josh, en realidad estás exagerando. Estás llevando al extremo todo al punto de tratar como un problema de existencia real algo que no es más que un conflicto pre-adolescente propio de las tramas de las historias de princesas.
Y es verdad. Tienen toda la razón de argumentar eso. Sin embargo, todos tendrán que reconocer que existen algunas personas que parecen aquejadas por la mala fortuna a la hora de conseguir pareja o bien, de poder llevar adelante una pareja. Otras tendrán que confesarse que, por ejemplo, en las parejas en convivencia parece probervial que el primer año (mientras la magia dura) la relación es una muy diferente a la que comienza después cuando la realidad aprieta el cuello de la relación imponiéndole exigencias, reglas, tiempos, exterior a los ritmos y maneras de la pareja en cuestión.
No faltará sin dudas, la mujer que se levante y diga: Yo misma soy un acabado ejemplo de que ese mito jamás ha calado en mí. Se aplica solo a mujeres dependientes y que en el fondo se mantienen infantiles, por lo que viven una vida alejada de la racionalidad y por cierto, viven embuidas de una ensoñación perpetua, por lo que no es raro verlas sucumbir a la hora de invertir todas sus espectativas en ideales que la realidad ha demostrado que no tienen asidero alguno.
Escuchemos también esta objección completamente válida en cuanto a que ella "no sufre de eso". Lo primero que podemos decir es que la manera que tratan a las otras, a las que aparecen como "bajo la influencia de una ensoñación perpetua", y el afán con que se muestran distintas: advertidas, racionales y más allá de cualquier idealización, es ya una muestra de que la idealización ha penetrado en ellas, forzándolas a producir un gran trabajo psíquico como para poder liberarse de ello.
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