Resumen: "el desarrollo y la evolución del sentimiento yoico" Según Freud
(Fuente: El malestar en la cultura)

Del sentimiento oceánico
"El sentimiento oceánico es el sentimiento yoico primario (infantil) que pervive en la adultez, cuyo contenido ideativo es la infinitud y la comunión con el todo, es decir, es reducible a una fase temprana del sentimiento yoico".
Freud comienza "dialogando" con Romain Rolland quien halla como la fuente última y la energía de la religiosidad, a lo que Freud le opone, como necesidad religiosa, el desamparo infantil y la necesidad de padre. Y afirma que: El sentimiento oceánico se vincula ulteriormente con la religión dado que, este ser-uno-con-el-todo de su contenido ideativo, es una primera tentativa de consolación religiosa y un otro camino para refutar el peligro que el yo reconoce amenazante en el mundo exterior.
A partir de esta reflexión, Freud puntua una primera hipótesis que le servirá de herramienta para todo el desarrollo posterior.
El sentimiento yoico no puede haber sido el mismo desde el origen y que, debe haber sufrido una evolución.
La peculiar situación del lactante entre el no-yo, el mundo exterior y el mundo interior.
A partir de lo cual prosigue con su desarrollo:
Nos aclara que el lactante aún no discierne su yo del mundo exterior como fuente de sensaciones que le llegan. Gradualmente lo aprende por influencia de diferentes estímulos. Por lo que define que:
1) Ha de causarle profunda impresión el hecho de que algunas de las fuentes de excitación (que más tarde reconocerá como órganos de su cuerpo) son susceptibles de provocarle sensaciones en cualquier momento, mientras que otras se le sustraen temporalmente, entre estas, la que más anhela: el pecho materno, logrando sólo atraérselas en la expresión de la urgencia mediante el llanto.
Lo que le permite extraer la siguiente primera conclusión:
con ello comienza por oponérsele al yo un «objeto» en forma de algo que se encuentra «afuera» y para cuya aparición es preciso una acción particular.
Conclusión fundamental para pasar al segundo grupo de apreciaciones a cerca la relación del lactante y el mundo exterior:
2) un segundo estímulo para que el yo se desprenda de la masa sensorial, es decir, la aceptación de un «afuera» de un mundo exterior, lo dan las frecuentes y múltiples e inevitables sensaciones de dolor y displacer que el aún omnipotente principio de placer induce a abolir y evitar.
Por lo que nos aclara que:
Surge así la tendencia del yo a disociar cuanto pueda convertirse en fuente de displacer, a expulsarlo de sí, a formar un yo puramente hedónico, un yo placiente enfrentado a un no-yo, con un «afuera», ajeno y amenazante.
El yo placiente o de puro placer purificado.
Los límites de este primitivo yo placiente no pueden escapar a reajustes ulteriores impuestos por la experiencia:
¨Gran parte de lo que no quisiera rechazar, por que le resulta placentero, no le pertenece al yo sino a los objetos.
¨Recíprocamente, muchos de los sufrimientos de lo que pretende desembarazarse resultan inseparables al yo, por ser de procedencia interna.
La defensa contra lo displaciente y el origen de los trastornos psicológicos.
Con todo el hombre aprende a dominar un procedimiento que, mediante la orientación intencionada de los sentidos y la actividad muscular adecuada, le permite discernir lo interior (perteneciente al yo) de lo exterior (originado en el mundo), dando así, el primer paso hacia la entronización del principio de realidad, que habrá de dominar toda la evolución posterior.
De hecho, esa capacidad de discernimiento adquirida, sirve para el propósito de eludir las sensaciones displacenteras percibidas o amenazantes.
La circunstancia de que el yo, al defenderse contra estímulos displacientes emanados de su interior, aplique los métodos que le sirven contra el displacer de origen externo, habrá de convertirse en origen de trastornos patológicos.
Conclusión fundamental de Freud:
Originalmente el yo lo incluye todo, luego, segrega de sí, un mundo exterior.
Nuestro actual sentimiento yoico no es, por consiguiente, más que un residuo atrofiado de un sentimiento más amplio, aún de envergadura universal, que correspondía a una comunión más íntima entre el yo y el mundo exterior.
Si cabe aceptar que este sentido yoico primario subsiste, en mayor o menor grado, en la vida de muchos, debe considerársele como una especie de contraposición del sentimiento yoico adulto, cuyos límites son más precisos y restringidos.
La definición de la postura de Freud sobre el Sentimiento Oceánico y el desarrollo del yo.
Los contenidos ideativos del sentimiento yoico primario y los del sentimiento oceánico concuerdan: Infinitud y comunión con el todo. Lo pretérito puede subsistir en la vida psíquica ya que no está necesariamente condenado a la destrucción.
Conclusión final:
Teniendo en cuenta todo lo anterior, se puede admitir la existencia en mucha gente de un «sentimiento oceánico» que no es otra cosa que «el sentimiento yoico primario», es decir, una fase temprana del sentimiento yoico.
Ver guía introductoria a la lectura de Freud: El psicoanálisis y la sexualidad
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