Sir Arthur Fleming:
el padre de la penicilina.

El padre de la penecilina, Sir Arthur Fleming, nació en Lochfield, Escocia (Reino Unido) hacia fines del Siglo XIX (1881), estudió en la Academia de Kilmarnock y en la escuela de medicina del hospital Santa María, graduándose hacia 1908, a partir de lo cual inició su carrera como profesor en bacteriología en la universidad de Londres y permaneció en la cátedra durante 40 años, lo que no le impidió incorporarse durante la primera guerra mundial como capitán de sanidad. Pero el interés profundo de Sir Arthur Fleming radicaba en la investigación, más que en cualquier otro tipo de actividad, por lo que pasaba horas en el laboratorio del hospital Santa María.
Hacia 1922, Fleming, logra identificar la lisozima (fermento antibacteriano presente en las lágrimas, la saliva y la albúmina de huevo), en Septiembre de
Poco después y tras varios experimentos del mismo orden destinados a verificar su descubrimiento Sir Arthur Fleming dio publicidad a su hallazgo bautizándolo con el nombre de Penicilina.
Por curioso que parezca, Fleming, sufrió el destino que sufren muchos investigadores, justo en el momento más importante de su trabajo quedó sin recursos económicos para seguir investigando pero, algunos años más tarde, sus ideas fueron retomadas por varios estudiosos, entre ellos, un médico australiano (de la universidad de Oxford) Howard Walter Florey (1898-1968) y el germano-británico Enerst Boris Chain (1906-1979) junto a sus colaboradores trataron más de cien litros de moho líquido y hacia 1938 lograron obtener un gramo de polvo rojizo: la sal sódica de la penicilina. Con ella hicieron el siguiente experimento: inocularon a ocho ratoncitos un cultivo mortal de estreptococos suministrando penicilina a cuatro de ellos (técnica de control) obteniendo por resultado lo esperado. Los cuatros cobayos a los que se le suministró la penicilina pudieron sobrevivir a la terrible infección no así los cuatro cobayos de control quienes murieron en el lapso de una noche.
Los experimentos siguieron sobre esta línea y sobretodo según la frase de Fleming en la que aseguraba que este efecto producido por los bacilos del pan no podían ser los únicos por lo tanto había que seguir investigando. De hecho tenía razón, años más tarde se descubrirían la estreptomicina, la aureomicina y otros antibióticos.
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